miércoles, 1 de septiembre de 2021

Aventuras y desventuras de un novato del bambú (VI)

Una vez la cola secó, procedí a retirar el hilo con el que até los blanks. Sacar el hilo no fue difícil, pero al usar hilo de algodón, éste dejó muchos restos en forma de pelusa que acabó pegada al bambú. Tal vez en este punto use hilo sintético en un futuro con la esperanza de que deje mucha menos pelusa.



Con la rasqueta fui quitando muchos restos gruesos. Hay que tener cuidado de no quitar más allá del pegamento seco y la pelusa, y de no estropear con la cuchilla el bambú.





Luego con lija muy fina y lijando a favor de beta, fui retirando los últimos restos y dejando una superficie lo más fina posible.

Sobre el acabado final de la caña he leído y visto bastante. Unos prefieren ciertos barnices como el barniz marino, otros barnices con protecciones UV y alguno (pocos) prefieren acabados en aceites (tung, linaza, danés…). También hay muchas formas de darle los acabados: por inmersión, a muñequilla, con pistola… También hay gente que prefiere barnizar antes de anillar, otros con las anillas puesta y algunos barnizan una o dos veces el blank, anillan y vuelven a barnizar un par de veces.



Yo me decanté por lo que me resulta más familiar y sencillo. No tenía preparado ningún tubo para barnizar por inmersión. Además no dispongo de un lugar lo suficientemente alto para poder meter y sacar un tramo tan largo como es el de una caña de dos tramos. Tampoco me convence eso de barnizar una vez has anillado. No sé, me gusta más anillar una vez que el blank esté acabado. Supongo que es cuestión de gustos y rarezas.

Por todo ello opté por barnizar a muñequilla (tarea que ya había hecho antes con la madera) y tras mucho leer, me decanté por el Tru-Oil, que es un aceite destinado al barnizado de culatas de rifles y escopetas. Esta manera de hacer las cosas tiene pros y contras. Como pros tiene que es fácil de aplicar y como contras que no es un acabado tan duro como un barniz de poliuretano y que hay que dar muchas manos.



El proceso es sencillo. Limpié cada blank con un trapo humedecido para quitar los restos del lijado y que no hubiera ningún tipo de polvo. Luego en uno de los extremos de cada parte le até un bucle con un cordel y cinta de carrocero para poder colgarlas una vez barnizadas para el secado. Es cierto que donde está la cinta de carrocero no barnizas, pero hay que tener en cuenta que los tramos aún hay que cortarlos a las medidas definitivas.

Para aplicar el aceite no hay que fabricarse una muñequilla propiamente dicha. Es tan poca la superficie que tenemos que aceitar que sirve con un trozo de tela o trapo. Vale cualquier tela o trapo? No y rotundamente no! Es necesario e imprescindible que no suelte pelusa y eso es muy difícil de conseguir. Yo cometí el error de usar trocitos de un trapo que supuestamente no debería soltar pelusa, pero la fricción contra el bambú la acababa sacando. Lo mejor que encontré para este propósito ha sido una gasa especial que venden para barnizar a muñequilla. Yo he usado para cada mano un trozo nuevo de gasa, no he reciclado de una mano a otra.

Echas un poco de aceite en la gasa, empapas toda la gasa bien, lo suficiente para que deslice fácil por el bambú, pero no tanta como para dejar gotas. Frotas la superficie del blank, prestando atención dar aceite por cada una de las seis caras y con la precaución de no frotar muchos los vértices para no retira el aceite en exceso. Yo frotaba encima de un papel limpio sobre una mesa y a continuación colgaba el tramo por el bucle de cordel y le pasaba la muñequilla de arriba hacia abajo para retira cualquier impureza o gota que nos arruine el acabado. No hay que dormirse dando el Tru Oil, pues al poco de darlo comienza a secar y la muñequilla deja de deslizar con facilidad, arrastrando con ella parte del aceite que ha comenzado a secarse y dejando un mal acabado.



Luego dejaba secar cada tramo colgado, en un lugar sin polvo y a temperatura ambiente, durante un día. Cuando el aceite había secada y endurecido, le pasaba una lana de acero de 000 simplemente para retirar impurezas y dejar la superficie suave. Ojo con la lana de acero! Solo la pasaba muuuuuy suave entre capas con el fin de rayar mínimamente la superficie y así que la siguiente capa agarrara mejor. Cada tres capas si que ponía más interés para dejarla lisa y fina, pero sin pasarme porque las capas de aceite son muy pequeñas y podemos retirarlas con la lana muy fácilmente, arruinando el trabajo anterior. Hay que tener cuidado de no apretar la lana en los vértices, donde es más fácil retirar el aceite seco, además de ser una zona donde se acumula muy poco, provocando que esas zonas queden menos protegidas.



En el talón, después de la tercera capa, procedí a escribir el nombre y longitud de la caña. Desde luego la caligrafía fue uno de los fallos que tengo que mejorar a futuro.



Al final le di a cada tramo 11 capas de Tru Oil. No sé si son suficientes o no, el tiempo lo dirá, pero en caso de que no, es fácil añadir más capas.

En las capas 10 y 11, en vez de lana de acero 000, usé lana 0000, aún más fina y con el fin de pulir la superficie al máximo. Las dos últimas capas de aceite fueron realmente finas, echando muy poca cantidad en el trapo. Como pulido final, usé cera de ebanista y un trapo de algodón con el que froté cada blank enérgicamente.

lunes, 10 de mayo de 2021

Aventuras y desventuras de un novato del bambú (V)


Tras haber dado el tratamiento térmico a los triángulos primarios, ahora hay que darles el perfil definitivo. Por lo que leo, los rodmakers suelen darle a los moldes unas medidas intermedias, no definitivas, para cepillar los triángulos en dos pasos. Yo no lo hice así. Le di directamente las medidas definitivas al molde para cada uno de los dos tramos (primero uno y luego el otro). No puedo decir si es mejor de dos veces o como lo hice yo. Con el tiempo podré comprobar si es necesario ese cepillado intermedio.


Como era el primer blank que intentaba cepillar, elegí un perfil cualquiera, sin más. No es que quisiera hacer esta caña por ninguna razón en especial. Quería algo normal y fácil. El perfil lo saqué del mismo libro que me ha servido de guía en todo el proceso. Las medidas venían en pulgadas. Yo las he pasado a milímetros. Debe ser un pecado mortal esa conversión, porque en algún foro me han tratado como un hereje por ello. 


Lo primero que hice fue ajustar todas las estaciones del molde a las medidas correctas. Cuando ajustaba una estación, la siguiente y la anterior se desajustaban, por lo que tuve que ir corrigiendo los ajustes poco a poco hasta lograr que todos me dieran la medida deseada. En este punto me di cuenta que mi molde no era todo lo preciso que yo pensaba. La base de mi reloj comparador es tan ancha que tocaba en los carriles laterales de mi molde y entre estos carriles y el central, donde va el bambú, había a veces cierta holgura. Algo así como 5-7 centésimas de mm. Me di cuenta bastante tarde, pero bueno, para la siguiente caña ya he comprado una base más estrecha que solo apoya en el carril central.


He trabajado con dos cepillos. Uno regulado para sacar virutas de 0,10 mm para ir desbastando. Cuando estaba cerca de conseguir las medidas adecuadas, usaba el otro regulado a 0,05 mm.
Siempre he cepillado de la parte inferior hacia la punta. Cada dos pasadas giraba la varilla y cepillaba el otro lado. De vez en cuando iba comprobando (con el pie de rey) a ver si estaba rebajando los dos lados al mismo ritmo. También comprobaba que el ángulo de 60º se mantuviera en todos los vértices.


Para cepillar zonas de nudos (que es donde vienen los problemas) o para quitar virutas de una o dos centésimas de milímetro, usé un cepillo rascador. Con él le di las dimensiones finales a las varillas.


Una vez cepilladas las varillas del talón, di la vuelta al molde y lo ajusté a las medidas de la puntera.
He sacado lo que el molde y mi inexperiencia me han dado. Se que se pueden sacar mejores medidas y que he cometido errores. También que el molde tal vez no sea el más preciso del mundo (supongo, porque tampoco tengo con qué compararlo). De todos modos estoy satisfecho pues solo tenía 12 varillas, ninguna de repuesto, y no he malogrado ninguna. Además que son las primeras que cepillo en mi vida. 


Tengo que decir, que afilé los cepillos un par de veces por cada tramo de la caña, es decir, cada 3 varillas afilaba el cepillo. Al menos el que usaba para desbastar. El de afinar, al usarlo menos, creo que solo lo afilé una vez por tramo. No seas perezoso a la hora de afilar!!!
Por cierto, antes de el pegado, hay que matar con el cepillo todos los vértices interiores de las varillas, para que luego ajusten bien.


Luego vino el tema del pegado. Para mi supuso el mayor de los acojones y estrés máximo. Todo el mundo me recomendó usar epoxi de secado lento. Pero yo como soy como soy, había visto que alguna gente usaba cola amarilla Titebond III, que es una cola usada en ebanistería y resistente a la humedad. Como yo había usado mucho esa cola en mis proyectos de madera, le tenía mucha confianza y se de la resistencia de sus uniones, así que me decanté por ella. Solo tiene un defecto: tienes 10 minutos para poder trabajar con ella una vez aplicada.


Como soy un novato, decidí que pegaría cada tramo por separado. Un día uno y otro día otro. Bastante estrés tengo con uno solo como para pensar en pegar los dos. 
Lo primero es proteger el banco de trabajo o la mesa donde vayas a realizar el pegado. Yo le puse papel de pintor. 
Luego hice unos bucles con cinta de carrocero, dejando el pegamento hacía el exterior y así me sujetarían las varillas en su sitio mientras aplicaba la cola.


A mi me gusta aplicar mucha cola. Prefiero pecar de exceso que no quedarme corto. Lo único es que luego hay mucho que limpiar, pero prefiero eso a un fallo por un mal pegado por falta de cola. Para repartir la cola usé un pincel de los que uso habitualmente para aplicar cola o pegamento en carpintería, pero un cepillo de dientes valdría perfectamente.


Luego corté los bordes de los bucles de cinta de carrocero y con ella me ayudé para cerrar las varillas sobre si mismas, quedando todos los vértices en el interior. ¿Todos? Pues no, todos no. En la puntera, una de las varillas se rotó, quedando la parte exterior adentro y una de las interiores hacia afuera. Cagada! Aún así he acabado la caña por consejo de varios rodmakers que me dijeron que la misma podría funcionar perfectamente, más allá de la estética. La próxima vez marcaré todas las caras exteriores para comprobar que todas y cada una están en su lugar.


Inmediatamente después de aplicar la cola, procedí al atado con el atador. Come veis en la foto, es una guarrada. Todo se llena de pegamento, pues al apretar los tramos con el hilo, el exceso sale al exterior.


Cuando ya había atado en los dos sentidos, rodé y rodé el tramo atado por la mesa de trabajo para quitarle las curvaturas provocadas con las tensiones del atado y el pegado.
Con el proceso de rodar el tramo, gran parte de pegamento se queda en el papel que protegía la mesa, así que el tramo queda algo más limpio que cuando sale del atador.
 Cuando vi que aquello ya no lo podía enderezar más, le até un bucle en cada extremo. Luego colgué el tramo por uno de los bucles y le puse un peso en el otro. Lo dejé así un día entero, con la esperanza de que se secara lo más recto posible.


Inmediatamente después me puse a limpiar con un paño húmedo la correa del atador y todo el aparato para quitar los restos de cola, que eran numerosos.

La foto de abajo es un corte de sección del talón de la caña una vez pegada. La verdad que estoy muy contento como quedó. 


Esta segunda foto es un corte de sección del tramo de la puntera, que a pesar del error de la varilla girada, tampoco quedó tan mal. Desde luego no va a tener unas aristas perfectas, pues una de ellas está formada por el vértice interior de la varilla girada. Ese vértice lo había matado con el cepillo, por lo que no había una arista perfecta. Bueno, cosas que pasan por ser novato.


Para la siguiente entrada limpiaré el blank y le daré el acabado.

jueves, 15 de abril de 2021

Aventuras y desventuras de un novato del bambú (IV)

Sacando triángulos primarios

Lo siguiente que  hice fue sacar los triángulos primarios. Es decir, de cada tira hay que sacar una nueva en la que su perfil sea un triángulo equilátero. Para ello usé cepillos de contrafibra Stanley 9 1/2 y un molde adecuado para ello. En estos momentos hay que sacar tiras con un perfil paralelo, es decir, la tira tendrá el mismo grosor a lo largo de la misma. En estos momentos no se le da aún el perfil decreciente.


Este molde de la foto inferior, es el usado para sacar los triángulos primarios. Primero colocamos nuestras tiras la ranura de la derecha. La cara del esmalte debe ir vertical y apoyada en una de las paredes laterales. Al cepillar así la tira conseguimos un borde plano y a 90º con la cara del esmalte.

A continuación, ponemos la tira en la ranura central, con el esmalte en el lado largo y con el borde que hemos dejado a 90º hacia abajo. Al cepillar lo que sobresale de la ranura, tendremos un primer ángulo a 60º.

Para finalizar el triángulo primario, pasamos la varilla a la ranura de la izquierda, haciendo coincidir nuestro primer ángulo de 60º con la forma de la ranura, la cuál también tiene ese ángulo. Nunca hay que cepillar el lado del esmalte donde están las fibras de potencia. Solo iremos cepillando los otros dos lados.


En esta fase del cepillado, yo ajusté los cepillos para sacar virutas de 15 centésimas de milímetro. Es un grosor con el que me encontré a gusto y no me cuesta mover el cepillo.


Aunque estos triángulos primarios no vayan a ser definitivos y tampoco haya que dejarlos precisos a la centésima de milímetro, conviene ir vigilando con la galga de 60º que vamos consiguiendo esos ángulos. Así mismo yo iba vigilando de vez en cuando el grosor de mis virutas para comprobar que el cepillo no se desajustaba. Cuando notaba que me costaba mover el cepillo, no me hacía el perezoso y afilaba la cuchilla.


En una tarde puedes cepillar las doce tiras, pero no es algo que haya que hacerlo con prisas. Esto es una afición, no un trabajo. Siéntete cómodo, no fuerces la postura para cepillar. Si te cuesta mover el cepillo será porque tal vez estés sacando virutas muy gruesas o tengas desafilada la cuchilla.


Una vez conseguidos los triángulos primarios, por consejo de Paco, le quité el esmalte o enamel a mis tiras. Hay gente que lo hace en este momento, otros antes de pegar, algunos con la caña ya pegada. No puedo decir cuando es el mejor momento. Yo lo hice ahora porque me resultaba más cómodo. Usé una simple rasquetea de la marca Bahco con cuchilla lisa.


Antes de atar nuestras 6 tiras, debemos hacer un par de pasadas con el cepillo por el vértice interior de cada una de ellas donde se van a juntar los 6, pues esos vértices coincidirán en un mismo punto. Si hemos hecho bien nuestro trabajo, al juntar las 6 tiras debemos ver algo así:


Primero uní las 6 tiras con un poco de cinta de carrocero, antes de proceder a su atado. Yo he usado un atador clásico Garrison, pero lo he modificado, en vez de poner solo una polea y una correa sin fin, he puesto dos poleas. Una tiene almacenado suficiente cordón que hará de correa y la otra lo va recogiendo. Así no hay problemas en que la correa resbale en la polea, como me pasaba a mi. Para darle tensión a la correa yo uso un contrapeso al que le puedes poner más o menos peso, dependiendo de la tensión que necesites para el atado. Este proceso es difícil de explicar, por lo que os recomiendo ver todos los vídeos que podáis. Colocando en el buscador de Youtube “Garrison binder” o “bamboo rod glue binder” podéis encontrar mil formas de atador y como usarlos.


Al atar las triángulos, quitaba la cinta de carrocero antes de atar ese tramo, pues luego al meterlas al horno se nos va a quemar el pegamento que lleva y puede dejarnos marcar en el bambú.


Una vez atado cada tramo, lo he hecho rodar por la mesa para quitarle torsiones y curvas, intentando dejarlo lo más recto posible, pues luego lo voy a meter al horno y no quiero que ya lleve “vicios” de primeras.



Como estoy empezando, he probado dos tipos de hilo para los atados. Uno grueso que me venía con el equipo y otro fino que compré en la mercería. Al final ninguno de los dos me convenció y en la fase de pegado decidí comprar otro intermedio. Eso si, uses el que uses, que sea de algodón, pues si lo compras sintético se puede quemar en el horno.


El horno que yo uso me vino con el equipo que compré. Se trata de un viejo horno de aceite, con dos cilindros, uno dentro del otro. En el interno es donde metemos el bambú y el externo contiene el aceite y las resistencias eléctricas que proporcionan el calor. Todo ello manejado por una caja de control que en su día debía ser la leche pero que ahora se ve bastante anticuada.


Yo tuve muchos problemas para conseguir la temperatura deseada, empezando por una sonda de temperatura que venía con el horno que no mide bien. El aceite térmico estaba corrompido y no alcanzaba la temperatura adecuada. En teoría son unos 7 minutos a 190 ºC, aunque para esto también hay preferencias y estilos por parte de los distintos rodmakers. Cuando horneas, debes oler a palomitas recién hechas. También hay un momento que ves salir vapor por el respiradero del horno, pero llega un momento que deja de salir.

En teoría lo que se consigue con este tratamiento es polimerizar ciertos azúcares del bambú y por eso hay que conseguir al menos 180ºC. También para quitarle humedad, pero pude comprobar que con el paso de los días, el bambú volvía a cogerla del ambiente. Algo tan simple como pesar el bambú antes de meterlo en el horno, después de sacarlo (ahí vemos la pérdida de humedad) y volver a pesarlo varios días seguidos después de hornear. Pude ver como día a día iba recuperando peso. No llegó al peso inicial de antes de hornearlo, pero si muy próximo.


Para evitar que las dos secciones de bambú tocaran las paredes del horno, me fabriqué una parrilla con una pletina de metal de esas que se ponen en las juntas de los suelos y que se compra en cualquier centro de bricolaje. Con tuercas y tornillos uní las dos partes y ahí es donde apoyé las dos secciones para hornearlas.


Como dije antes, procedía al pesaje de las secciones antes y después del horneado.


Una me dio una pérdida de 7 gramos y la otra de 6. Pero como ya comenté, fueron recuperando peso con el paso de los días.


Al hornear, los hilos de las ataduras se aflojan, por lo que una vez pasaron por el horno, las volví a atar con hilo nuevo. Luego las rodé por la mesa intentando dejarlas lo más rectas posibles.


A pesar de que el bambú cogió un bonito color miel, no estoy seguro de si mi tratamiento térmico fue suficiente. Es el primero que hago y tuve muchos problemas. Al final le tuve que dar un tiempo a ojo, pues no conseguí la temperatura suficiente (creo, porque la sonda tampoco marcaba bien) y aumenté los minutos de horneado.
La cosa es que la caña está terminada y funciona bastante bien. Si el tratamiento no fue adecuado, puede que en un futuro se pueda deformar, pero eso ya lo veremos con el paso del tiempo.
El horno ya lo he puesto a punto para la siguiente vez. He cambiado el aceite y he comprado una sonda nueva de esas que se usan en los hornos de cocina. He hecho pruebas y ahora si consigo los 190ºC. Para la próxima vez que hornee una caña, si que podré estar seguro que la temperatura ha sido la adecuada.

En la próxima entrada ya me pondré a darle las dimensiones definitivas a cada tramo.

domingo, 14 de febrero de 2021

Aventuras y desventuras de un novato del bambú (III)

 Después de sacar las 12 tiras del culm, el siguiente paso sería aplastar los nudos con calor y presión y enderezarlas. Para ello necesitaba unas mordazas lisas para mi tornillo de banco. El mío, casi todos, traen unas mordazas con relieve para que las piezas que sujetemos no se suelten al hacer fuerza. Estas mordazas no nos sirven pues dejaríamos marcas en el bambú dejándolo inservible para fabricar una caña.


Lo primero que hice fue buscar unas mordazas lisas en internet, pero no las encontré. Así que desmonté las mías y usé una pletina de hierro que tenía por ahí tirada. Posiblemente era demasiado ancha. Yo la he usado tal cuál, pero en un futuro voy a cortar a la mitad o menos su anchura, para que la zona de la mordaza apriete lo más cerca posible del lugar de anclaje y así sufrirán menos los tornillos y haré una fuerza de apriete mayor.



Medí la longitud de mis mordazas y las corté con un disco de metal de mi pletina. Luego usando las originales como modelo, marqué el lugar exacto donde taladrar los agujeros para los tornillos que anclarán las nuevas mordazas al tornillo. Así mismo hice unos rebajes en los agujeros para ocultar la cabeza del tornillo y evitar futuras marcas en el bambú.








Para darle el tratamiento de calor a los nudos, he usado una pistola de calor con una boca difusora ancha, para poder calentar no solo el nudo, sino un poco más. Coloqué la pistola en el tornillo de carpintero de mi banco de trabajo y en la posición número dos fui calentando cada nudo.



Luego ese nudo que he calentado lo llevo inmediatamente al tornillo de banco modificado, aplastando con las mordazas el nudo, quedando una mordaza en la parte interior del nudo y la otra en la exterior, donde el esmalte o enamel. A mi me dijo mi amigo Paco que apretara bien el tornillo y así lo hice, un buen apriete. Y lo dejo ahí apretando ese nudo mientras se enfría y, a la vez, con la pistola voy calentando otro nudo de otra varilla. Es una manera de ir más rápido.

Nudo tratado con calor y prensado
Nudo tratado con calor y prensado

Cuando acabo de aplastar todos los nudos de una varilla, lo último que hago es calentar aquellas zonas donde se curva, para enderezarlas. Yo solo he calentado la parte inferior y laterales de la varilla. La parte del enamel, donde están las fibras de potencia debajo de éste, no lo caliento.

¿Cuánto caliento el bambú? Pues lo suficiente para poder quitar las curvas con la mano sin romperlo y no tanto como para quemarlo. Yo lo que hacía era, con las manos protegidas por unos guantes de cuero, poner el bambú a calentar encima de la pistola mientras iba haciendo fuerza paulatinamente y sin pasarme para quitar la curva. Cuando el bambú cogía suficiente temperatura, notaba como se empezaba a mover en la dirección que yo quería, e intentaba dejarlo lo más recto posible. A veces resultaba fácil y otras veces intentando quitar una curva, le hacía otras curvas secundarias. En este tema ha sido un constante prueba y error. También debo decir que este tratamiento de calor para enderezar y aplanar los nudos deja algo de marca en el bambú, algo más tostado, sobretodo el interior. A mi me dejó dos o tres marcas excesivas, síntoma de que tal vez me pasé.



¿Cuánto de rectas deben estar las varillas? Pues yo no tengo ni idea donde está el límite, pero yo las dejé lo más rectas que pude. Para torcerse ya habrá tiempo...


Una vez enderezadas todas las varillas, procedí a alinear los nudos. La idea es que no queden dos nudos seguidos en caras contiguas de la caña. Para ello hay que poner las varillas de cada tramo en una mesa con todos los nudos al mismo nivel y todas en el mismo sentido teniendo en cuenta la parte superior e inferior de las varillas. 



Anteriormente había numerado las varillas del 1-6 según su procedencia en el culm. La varilla 1 está enfrentada a la 4, la 2 a la 5 y la 3 a la 6. A cada pareja de varillas enfrentadas les he dado un color, así cuando estén colocadas en el blank de la caña, cada varilla tiene que tener una en frente del mismo color.


Los nudos están a la misma altura en las varillas del mismo color, por lo que siempre están enfrentados y no en caras contiguas


 Además, he emparejado los nudos de cada pareja de varillas, y movido adelante o atrás las otras parejas de varillas, para que los nudos no queden a la misma altura. Hay varias formas de distribuir los nudos, yo los he distribuido 2-2-2. Cada uno tendrá otro en la varilla de en frente, que será una varilla del mismo color. Es decir, los nudos de las dos varillas de color negro, coincidirán a la misma altura entre ellos, pero no con los otros dos colores. Más difícil de explicar que de hacer.


Una vez distribuidos los nudos, he marcado la longitud de los tramos con la que voy a trabajar. Para ello con todas las varillas colocadas, con los nudos a la altura que deben estar, he marcado una línea en la parte inferior y otra en la superior.



La longitud con la que voy a trabajar es unos 20 cm más larga que la medida final del tramo, ya que me dijeron que en las puntas es donde luego suele haber problemas durante el pegado. Intenté que las marcas quedaran a 15 cm de un nudo por la parte superior y al menos a 10 por la inferior. No quería luego cortar el tramo a la medida definitiva y que me coincidiera un nudo en una de las puntas. En la parte inferior del talón no habría problema, pero en las puntas superiores si podía haberlo.


Tras las marcas, y antes de cortar, he vuelto a numerar las varillas en lo que será la parte inferior una vez cortada cada una y con su color correspondiente. Luego con una sierra japonesa he cortado cada varilla, he marcado en color su parte inferior y las he dejado colocadas y encintadas esperando el primer cepillado.