domingo, 19 de diciembre de 2021

Aventuras y desventuras de un novato del bambú. Acabados finales y estreno (VIII)

 En esta última entrada sobre la fabricación de la caña de bambú, hablaré muy por encima del anillado y su barnizado, así como las primeras impresiones con ella en el río.  Ha sido mi primera caña y nunca había anillado otra, ni siquiera de grafito.

Como anillas usé un kit para una caña de 8 píes, pero una no la usé y la de salida la cambié por una anilla de Ágata (aunque no de las caras). No son las mejores anillas del mercado, pero como al final esto solo era un primer intento, no quería gastarme una fortuna en anillas caras en esta primera.


He usado un viejo aparato que me regaló Paco para anillar. Además cuenta con un motor lento que mediante una correa, permite barnizar y secar hasta cuatro tramos a la vez.


Esto de anillar tiene su ciencia. No me voy a extender pues hay multitud de vídeos y libros donde buscar la información de como anillar y os lo relatarán mejor que yo. Solo puedo decir que hay que tener paciencia y ser metódico. Una caña puede estar bien construida, pero si luego la vestimos mal, quedará fea a la vista y en una caña de bambú la estética importa mucho.

Dicho esto, debo decir que a mi no se me dio muy bien. Tampoco tenía muchos hilos a elegir para hacer el anillado y tal vez no quedó todo lo bonita que yo quisiera. Poco a poco las anillas me quedaron bien atadas, pero con el tema del barnizado tuve mis problemas y algunas anillas parecía que nunca querían secarse, quedando el tacto algo gomoso. Unas si secaron y otras no. Desconozco el por qué.
Usé un epoxi de una sola capa y que era demasiado "grueso". Me costó repartirlo con el pincel. Para la próxima vez usaré un epoxi más "delgado" aunque deba darle mas de una mano.


La capa de barniz no la dejé muy gruesa. No me gustan las ligaduras gordas. Un consejo que si puedo daros es que hagáis pruebas con los hilos para anillar, pues cuando los barnizas cambian de color. Algunos solo un poco y otros oscurecen mucho.

Tras unas cuantas horas dando vueltas en el motor de secado, los dos tramos quedaron listos para su prueba en el césped.
Me asombró lo bien que se comporta en el lance para ser un bambú. No es tan lenta como otras cañas que he probado y se pueden lanzar 15 m sin muchas dificultades. La probé con línea 3 y 4, moviendo mucho mejor la 3, con más soltura.



Como se ve en las fotos, la estética no es la mejor. Sobretodo las letras que no quedaron muy bien, pero bueno, de todo se aprende. Para la próxima pondré más cuidado en los detalles y haré mejores letras y pondré más interés en el anillado.


El atado de los ferrules no quedó excesivamente abultado, pero creo que lo puedo mejor para la próxima vez.



En conjunto no me disgusta como ha quedado la caña. Su fuerte es el comportamiento en el lanzado y acción de pesca. Donde cojea un poco es la estética. Pero la caña es totalmente funcional y no pesa mucho. Una vez acabada dio un peso de 95 grs. lo cuál está muy bien y no te destroza el brazo pescando.


En acción de pesca

La caña la estrené de una manera que jamás podría imaginar. Tuve que esperar unos meses para hacerlo debido a que en la zona en la que vivo la primavera se retrasa mucho y con el deshielo no es fácil pescar a seca a principios de temporada.

En mayo me hice una escapada a pescar a Navarra con Paco y algunos amigos más. En principio llevé la caña solo para enseñarla, sin intención de pescar con ella, pero me convencieron y al final la estrené ese día. 

No era el río más adecuado, pues es grande, profundo y a veces hay que pescarlo a ninfa. Pero quiso que ese día las truchas se movieran a seca, así que estrené la caña esa mañana con unas cuantas truchas de algo más de un palmo.

Por la tarde, en una zona de aguas lentas se empezaron a mover truchas de muy buen tamaño a la seca. Logré clavar y sacar una de unos 35 cm. que me dobló la caña muchísimo. Pero para lo que no estaba preparado era para la séptima trucha del día.

La estaba viendo en todo momento (aunque pensé que era más pequeña), comiendo a unos 6-8 metros de mi, como si no le importara que yo estuviera allí. Tras unos lances, pude hacerla subir con una emergente oliva y clavar esta preciosidad de la foto. Dio una buena pelea y puso a prueba la construcción de la caña, doblándola totalmente. En un momento dado, ella quería cruzar el pozo e irse a unos troncos sumergidos, donde seguramente tendría el perdedero, así que no tuve más remedio que pararla en seco, sin darle oportunidad a ganar profundidad ni agarrarse a la corriente. Iba con un 0,15 mm en punta, así que el bajo aguantó y la caña también. 



El vídeo me lo grabó Paco desde la otra orilla. No es de la mejor calidad y me avergüenzo un poco del grito al encestar la trucha, pero fue un grito de satisfacción. Creo que este pez cerraba el proceso de la fabricación de la caña. Fue algo así como su prueba de fuego y la pasó con creces.


Durante todo el verano he usado la caña de vez en cuando. Creo que seis o siete veces. No todos los escenarios son adecuados para ella. Aunque pensemos en ríos pequeños de montaña como el mejor de los lugares para este tipo de cañas, es algo equivocado. Las pequeñas cañas de bambú se desenvuelven bien en ríos donde poder lanzar unos metros de línea. Los ríos de montaña, donde hay que puntear con el bajo de línea y uno o dos metros de cola de rata, no son los más adecuados.

Así que la he llevado a aquellos ríos o escenarios donde me permiten sacar 6-10 m. de línea. Donde puedo disfrutar del lance con una caña de bambú. Salvando el primer día con aquellas truchas gordas, las demás que he sacado con esta caña han sido truchas de palmo, alguna de 30 cm., que son lo normal para este tipo de cañas ligeras. Para esos días completo el equipo con una pequeña sacadera de madera de la marca Orvis y una clásica caja de moscas de Richard Wheatley que le dan al conjunto un toque clásico que me encanta.


Cuando escribo esto, ya estoy en proceso de fabricación de una segunda y una tercera caña. Os animo a aquellos que estéis pensando en meteros en el mundo de las cañas de bambú a que lo intentéis. Hay mucho mito detrás de todo esto que hace que pensemos que hay que ser especial para fabricarse una caña de bambú. No es así. Desde luego hay que tener paciencia y aprender muchas cosas, pero creo que está al alcance de la mayoría de gente. Puede que las primeras no sean las más bonitas, tendrán fallos, los punteros tendrán sus curvas, pero eso se mejora con la experiencia y el tiempo. Creo que es un reto muy bonito para aquellas mentes inquietas con ganas de marcarse un reto y salir de la zona confort.

Como reflexión final solo os pido que si alguna vez sois dueños de una caña de bambú, no consintáis que sobre ella caiga "la maldición del armario", como dice mi amigo Paco. Esta maldición consiste en guardar el bambú en un armario y solo sacarlo para admirarlo y volverlo a guardar. Son cañas muy bonitas, pero siguen siendo cañas y hay que sacarlas a pescar varias veces al año, porque no solo fueron hechas para ser admiradas, sino usadas.