domingo, 24 de marzo de 2019

Inicio de temporada 2019

El pasado día 16 de marzo hemos inaugurado la temporada 2019 en Aragón. La verdad que estos días están siendo realmente raros. Ríos muy cortos de agua muy fría, temperaturas altas y demasiado sol. Hay zonas en la comunidad que llevan más de 50 días sin ver lluvia y la nieve en los picos es escasa. Menos de una tercera parte de lo que había el año pasado. En mi zona ya se ha decretado el estado de pre-alerta por sequía. Como no cambie, mal año nos espera.


Con estos condicionantes, opté por empezar pescando un río regulado, esperando que la temperatura y caudal fueran mayores. Pero esta gente de las hidroeléctricas no tiene medida: o te lo dejan seco, o lo suben 25 metros cúbicos de repente, para luego en una hora volver a los 2 metros cúbicos.


Sumando todas estas condiciones adversas, sólo podía dar como resultado un bolo. Y así fue. El primer día se saldó con un señor bolo. Hubo eclosión de pardones y de alguna oliva. Pero las truchas no les hicieron el menor caso. La nota positiva fue que, antes de entrar al agua, los forestales ya me estaban pidiendo la licencia. Por lo que me comentaron, todos los pescadores que habían visto ese día, iban bolos también.

Tras cuatro horas de pesca y varias subidas y bajadas del caudal, decidí irme a casa tras la eclosión, porque aquello no tenía pinta de mejorar.


Unos días después, el baile de caudales ya era cómico. No tuve valor de meterme en sitios muy complicados pues estaba claro que me iba a llevar un buen susto. A pesar de todo, entre semana bajé a pescar un rato después de comer. Sin mucha fé, todo sea dicho, pero al menos mojaría las moscas.


Sin eclosión aparente, sin actividad en superficie y el agua tan fría, opté por la ninfa. Al poco clavé este maravilloso macho autóctono. Con el tiro tan fuerte de agua y un gran descuelgue cercano, las pasé muy puñeteras para poder encestar a este precioso pez, pues estaba pescando solo. La verdad, tras los primeros cabeceos sin verlo, sin carrera loca, cuando subió a la superficie me temblaron las piernas. “A ver como coño saco ésto ahora!”
El llevar una Winston de IM6 blanda y un hilo no muy fino, fueron determinantes para un buen final. 

Una mala foto rápida y al agua. Si no recuerdo mal, es el pez más grande que he pescando en este valle en diez años que llevo aquí. Creo que grité de alegría. En una zona como Pirineos, las truchas de este tamaño son auténticos supervivientes, máxime si son de zonas de captura y fríe.  La media de tamaño es la de un pez palmero, entre 22 y 25 cm. Aquí no crecen tanto, son ríos de montaña, con poco alimento y de aguas muy frías casi todo el año. No es lo mismo que los tranquilos ríos mesetarios, donde las truchas engordan y crecen mucho.


Tras este pez, el caudal se volvió escandaloso y me fui al coche. Este año “estreno” un viejo Suzuki de 27 años. Una maravilla a la que le suena todo, que no corre un pijo, pero que me mete (y saca) por todos lados. Puedo recorrerme rápidamente todo el valle, entrando a los rincones más complicados y solitarios, huyendo de las zonas más transitadas. Somos el terror de las choperas y los caminos de cantos!


Como en Aragón estamos un poco atrasados a la hora de sacar los permisos (hay que hacerlo de manera presencial en días de diario), pues suelo coger varios para gastarlos a lo largo del mes, arriesgando a que el río o el tiempo no sean los mejores. El tercer día tenía coto, pero cuando bajaba al río eché un ojo al SAIH y marcaba un caudal muy alto.

Me decidí por un río con menos agua, con caudal natural. La verdad que daba pena verlo así: tan corto como en verano y con las piedras totalmente verdes. No sé que está pasando...


Aún así lo intenté. Primero con el tándem y luego con la seca. Al tándem no conseguí nada en un par de horas, así que me saqué el bocata, me senté en una piedra y comí lentamente, esperando una posible eclosión, que no llegó...

Mientras comía, dejé el termómetro en una corriente: 8 ºC me marcó. El viento sur hizo acto de presencia. Malas, muy malas, condiciones para pescar. Aún así acabé la jornada a seca. Siempre es un placer lanzar con la Winston.

Al final clavé nueve truchas con la seca. Cinco de ellas en un mismo mini pozo, que para mi no tenía nada especial. Alguién comprende por qué puedes tirarte un río entero sin ver una trucha subir, y de repente que te suban cinco en el mismo sitio???

Cuando el viento sur arreció, y la hora de la eclosión ya quedaba muy lejos, me volví sobre mis pasos con un calor que no es normal y con la moral un poco baja por el caudal del agua.


Durante estos días también he estrenado las botas Patagonia Foot Tractor, de las que hice una entrada anterior. Debo decir que estoy muy contento con su comportamiento, tanto en zonas de cantos pequeños, como de de bolos. Agarran francamente mejor que cualquier otra bota de suela de goma que haya probado antes. Que el aluminio sea tan blando me preocupa a la hora de cómo puedan envejecer las botas, pues los repuestos no son baratos. Veremos...


Pues este ha sido este duro comienzo. En el momento que escribo estas líneas, hay una previsión a 10 días vista de 0 mm acumulados de lluvia y las reservas de nieve bajo mínimos.. Es algo muy preocupante y de lo que los informativos no se están haciendo eco. Creo que deberían ir concienciando y previniendo a la gente de lo que nos espera este año. Va a ser duro, muy duro. Ojalá me equivoque!


Y recordad, captura y suelta siempre!!!!!


viernes, 22 de marzo de 2019

Patagonia Foot Tractor, primeras impresiones

Hace unos días, coincidiendo con el primer día de la temporada, recordé por las malas (dando resbalones dentro del río) una tarea que dejé pendiente al acabar la pasada campaña: comprar unas botas nuevas.

Busqué información y opiniones aquí y allá. Todas apuntaban lo mismo: la goma no funciona muy bien en los ríos de bolos. Yo, que soy un tipo con mucho peso, que suelo pescar entre 90 y 100 días al año (la mayoría en ríos de montaña), no suelo encontrar modelos que me aguanten mucho. Prácticamente ningún modelo acaba la temporada de pesca, los suelo romper mucho antes. Y los que aguantan, como algunos modelos de Simms, lo hacen a base de gastar en clavos de tungsteno, que tienen un precio prohibitivo, todo sea dicho.

El punto de inflexión, sobre mi opinión de las botas adecuadas a los ríos que frecuento, ocurrió hace dos años. Al acabar un día de pesca en un río cerrado de grandes bolos, volvía sobre mis pasos intentando adivinar la mejor ruta de bajada. En un momento dado, cuando estaba en un bolo de grandes dimensiones, me asomé a ver como podía bajar, momento en el cuál los clavos Simms se fueron deslizando por aquella roca lisa y lavada. Como consecuencia sufrí una caída al vacío de unos 2,5 m. aterrizando con el tórax sobre otra piedra. Acabé en el hospital con un fuerte golpe en las costillas y la zona del hígado, que me mantuvo un mes fuera de combate y drogado a base de analgésicos.


A base de leer algunos artículos, este año me decidí por las botas Patagonia Foot Tractor. Es un concepto diferente: en vez de ser los clavos los que se agarren a la piedra, será la piedra la que se agarrará a las placas de aluminio blando que este modelo lleva. Es decir, por muchos clavos de tungsteno que lleves, hay rocas y bolos lavados que es imposible que los clavos se agarren a ellos. La solución del fieltro era tracción por fricción, pero como ya no es posible llevar botas de fieltro, la respuesta está en el blando aluminio.


Pedí las botas en Urruzuno y al día siguiente ya las tenía en casa (genial servicio, como siempre). Nada más abrir la caja me asombró el tamaño que tienen. Me dije... “con ellas va a ir pegando tropezones con todo”. Pero como ya os comentará, no ha sido así.

Las botas son muy robustas. Con una suela gruesa. Tienen muchos refuerzos, sobretodo una goma dura que recorre todo el perímetro de la bota. Lo he visto en otros modelos y en botas de montaña, y es algo que me gusta mucho. La puntera y el talón son muy rígidos, protegiendo los dedos de golpes accidentales y de la presión del agua al vadear profundo.


La sujección de los cordones son de plástico, con doble remache. Eso evitará que se oxide, pero habrá que ver como envejecen y si no rompen.

La suela es realmente gruesa. Lleva dos capas, una gruesa que amortigua en la pisada (aunque no es excesivamente blanda) y la más externa (la negra) que es la que estará en contacto con las piedras. Esta suela negra es de goma blanda, lo cuál es de agradecer a la hora del agarre, pero ya veremos su desgaste.


Situadas en esta suela, van unas láminas gruesas de aluminio, las cuáles están atornilladas a la suela con tornillo Allen ocultos unos milímetros dentro de las barras. Supongo que cuando el aluminio se desgaste, habrá que tener cuidado de no llegar a las cabezas de los tornillos, pues se nos puede complicar mucho su desmontaje para cambiar las barras.

Las barras de aluminio llevan unos dientes muy agresivos y pronunciados. Según la marca, para dar tracción y poder romper las algas. Habrá que ver como se comportan y si no se enganchan con nada al caminar.


Primeras impresiones:

He estrenado las botas en un tramo de piedras medias y pequeñas, aunque no de grava. Nada más poner las botas y según iba caminando tuve las sensación de que el aluminio me hacía resbalar. Sensación que se pasó a los pocos metros, supongo que en que el aluminio perdió su pulido.

Las botas una vez puestas no se notan tan voluminosas como pueden parecerlo a simple vista. Son muy cómodas y algo más grandes que otros modelos en su misma numeración. Tengo el mismo número en otro modelo de Patagonia y éste se ve más amplio, como medio número más.

Una vez dentro del agua, las sensaciones han sido realmente buenas. Pescando el mismo río que la jornada anterior, he gozado caminando por él. El último día sufría, cada paso era un resbalón. Sin embargo estas botas agarran mucho. A ratos notas que es el aluminio el que se agarra a la piedra y otras que es todo el conjunto de la bota (dientes, goma, tacos...) Los pequeños tropezones no los sientes en los dedos, notas el golpe pero sin dolor. Al meter el píe entre dos rocas ocurre lo mismo, el píe se siente protegido por las protecciones de la bota y el tobillo seguro. Al volver a casa he visto que los materiales de la bota no cogen mucha agua, por lo que su secado supongo que será rápido, algo muy importante a la hora de no transportar pasajeros indeseables de un río a otro.


Las sensaciones han sido muy buenas. Soy consciente que solo ha sido un rato de pesca, en un escenario no muy complicado, pero es cierto que era el mismo donde con las viejas no me sostenía en píe. Mi mayor preocupación es la duración de las placas de aluminio, al ser éste un material blando (que es lo que en realidad es lo que da el agarre) sufrirá un gran desgaste. ¿Cuánto? Ya veremos, aunque soy consciente que los recambios no son baratos. Si los cambios tienen que ser muy a menudo, no sé si compensará. Aunque.... ¿cuál es el precio de sentirse seguro en el río? Cada uno pondrá el suyo. El precio de estas botas es elevado, estamos hablando de las de más alta gama de Patagonia, seguramente en La Meseta no me hubiera gastado este dinero, pero lo veo como una inversión en seguridad. Soy de la opinión de que podemos ahorra dinero en cañas, carretes y otro tipo de materiales, pero que en comodidad y seguridad de uno mismo es donde menos debemos mirar el dinero. De que sirve ir con una caña de mil euros si pasamos frío, estamos mojados o vamos patinando por el río.


domingo, 20 de enero de 2019

El complot


Hoy os quiero contar la historia de un complot. Una trama urdida en secreto durante meses, tal vez dos años.

No recuerdo bien cuándo y cómo supe de la trama. Tal vez fue pescando barbos en Zamora, o en aguas de Navarra, incluso puede que durante alguna jornada en Pirineos.


Paco me lo chivó. Pero no fue un chivatazo gratuito, sino que buscaba mi colaboración. Me contó lo que se traía entre manos. Algo que llevaba años planeando y retocando. En principio el “merecido” tenía otro objetivo, pero por lo que se ve, cambió de víctima, pues me comentaba que este nuevo y pobre “desgraciado” se lo tenía merecido. Bastante bien merecido!!!!

El “merecido” lo era en forma de artefacto artesanal. Paco me lo iba mostrando en fotografías para que viera su evolución, mientras me presionaba una y otra vez para que engañara al incauto. Que no era otro que Ferrán Llargués. 

Cuando Paco me mencionó el nombre de Ferrán, de dije: -Lo harás llorar... -Que se joda!, me replicó Paco. -Se lo tiene merecido por Polaco, pensé yo para mis adentros y para justificar la cantidad de mentiras que vendrían a continuación.


Durante meses intenté engañar al incauto de Ferrán. Siempre ocurría algo de última hora que hacía que no coincidiéramos con él y así poder llevar a cabo el plan de Paco.

Le tentamos para ir a Alfarrás en varias ocasiones. A mi no me gustaba el lugar. Es un lugar poco recomendable donde se juntan todo tipo de especímenes de alta y baja cuna. Con peces prostituidos y pescadores que pierden su orgullo. Además, era terrorio polaco, hogar de Ferrán. Había que sacarlo de su lugar de confort.

Por fin logramos engañarlo un día de octubre. Para ello tuvimos que usar el cebo de pescar en Pirineos. Sabíamos de los vicios de Ferrán. Esta vez aceptó y el plan pudo llevarse a cabo. 

Lo citamos en un bar. No nos fiábamos, así que trajimos a Josetxo como refuerzo. Le dimos vino para que relajara su nivel de alerta (estos polacos no son tontos) y no sospechara nada. Y mientras le dábamos conversación... BOOOOMMMM!!!!! Paco, delante de todos, le dio su “merecido”.


El “merecido” consistió en una preciosa caña de bambú hecha por Paco Lizarraga. Horas y horas de minucioso trabajo artesanal. Y como bien había profetizado, Ferrán lloró.


No se hicieron muchas fotografías del momento. Simplemente se disfrutó. 

Por fín me había librado de la carga del secreto. Demasiados meses, demasiadas mentiras y demasiadas intentonas fallidas.


Una vez que Ferrán llevó su “merecido”, optamos por ir a estrenarlo a varios lugares del Pirineo.


Y aquí está las primera trucha de Ferrán con su flamante caña de bambú. Puede que no parezca gran cosa, pero estoy seguro que Ferrán no lo olvidará.

Llevaste tu “merecido” Ferrán, pero te lo ganaste a pulso! Gracias por todos estos años dedicados a los ríos.




martes, 13 de noviembre de 2018

Estrenando caña



Hacía tiempo que no me pasaba por aquí. Parece que he conseguido una App que me permite publicar desde el teléfono móvil.

El lunes estrené temporada 2018 y caña. De nuevo una caña de mi amigo Paco Lizarraga, Paco Maravillas. Esta vez ha sido una caña de carbono montada por él, con su típico portacarretes en madera de raíz de tuya. Las anillas negras de la marca Rec y anilla de salida de Ágata.













La caña mide 10,6 píes y es para línea #3, por lo que parece más bien orientada a la pesca a ninfa y a punta de caña.



Por desgracia el día del estreno se fue complicando a medida que pasaban las horas. A penas pude ver un par de olivas bajando por el río.





Una intensa ventisca de nieve apareció de la nada. Dicen que es el llamado tren transiberiano. Me pasó por encima literalmente.



Esta vez no pudo ser. No hubo trucha con la que estrenar la caña. Pero sólo ha sido la primera jornada del 2018. Ya habrá más días.

lunes, 22 de junio de 2015

Y llegó el bambú de Paco Lizarraga

Hacía unos días que Paco me había advertido: "Tengo algo especial para ti, lo estoy terminando. Es un proyecto raro que lleva dos o tres años aparcado". 

Y por fin llegó el día. Paco apareció con un objeto alargado envuelto en papeles de periódico. Era una preciosa caña de bambú. Y si, era algo raro pues era VERDE!!!
8,2 píes de rareza de línea #5.


Un verde precioso, irregular, adaptado a las distintas tonalidades del bambú. Por supuesto, 100% personalizada, como todo lo que hace Paco.


Ahora soy el dueño de un flamante bambú de Paco Lizarraga, de la PL 009. Es única, no hay otra igual, pues es un trabajo totalmente artesano.


El portacarretes es una de las partes que más me gusta de la caña. Una madera preciosa, compleja.


La empuñadura fina, suave, perfectamente torneada.


La primera anilla de ágata. El anillado perfecto, discreto y bonito. No le resta protagonismo en ningún momento al material principal, el bambú.


Después de las emociones (y de un copioso almuerzo), nos pusimos rumbo a nuestro destino de pesca. Un maravilloso río pirenaico. Que a pesar de venir algo alto, estaba bastante pescable.


Comenzamos pescando una zona muy boscosa y encañonada. Paco a ninfa clavó la primera trucha del día.


Yo, como no podía ser menos, utilicé la caña de Paco. Até un plecóptero de foam, ya que se veían bastantes y de gran tamaño.

Me costó apenas cinco minutos adaptarme al ritmo de la caña. No es una caña para pescar de punta, sino para sacar unos cuantos metros de línea y disfrutar de los bucles. Me asombró, pensé que me costaría mucho más sacar línea y no fue así. Si le pides, ella responde.


En un gran pozo la estrené. No era una trucha enorme, pero se tragó la gran mosca de foam sin ningún tipo de complejo. La PL 009 ya ha sido bautizada.


Tras unos pocos metros, tuvimos que salirnos del cañón. El fuerte caudal que aún lleva este río nos obligó a buscar orillas abiertas por las que caminar.

Y comenzó el espectáculo a seca.


Alternando hormigas aladas y plecópteros, fuimos capturando numerosas truchas. La mayoría en las cabeceras de los pozos, a pesar de las fechas en las que estamos y del caudal.


Los peces más grandes los sacó Paco. Para ello utilizó sus "prototipos" de hormigas que tendrán su prueba de fuego próximamente en Austria. Parece que funcionan.



Yo me dediqué más a buscar un pez grande, que doblara bien mi recién estrenada caña. Pero no pudo ser. Siempre había alguna pequeña trucha que se adelantaba y tomaba el pleco sin miramientos. Los peces grandes solo los pudimos ver siguiendo alguna vez la mosca, pero no acababan de morder.



Poco a poco el día avanzaba y las nubes y el viento se apoderaban de la tarde. Tanto que nos acabaron por echar del río.


Ha sido una jornada de sentimientos. Comenzó con la enorme sorpresa del regalo de Paco y acabó con un buen puñado de truchas en un paraje idílico como es Pirineos.


Desde que conozco a Paco he sido consciente de su generosidad, o como dice Joaquín, de su "infinita generosidad". Que decir cuando te hacen un regalo así!

GRACIAS Paco!!!!